Queremos ser padres y madres, pero no podemos.

Alguna vez te has preguntado ¿qué pasaría si no pudieras concebir un hijo? Querer ser madre o padre con tantas fuerzas y saber que estás física o biológicamente impedido para serlo.

Ésta pregunta es una tajante realidad para un sinfín de personas y familias, al punto, que de esta situación se ven afectadas sus esferas sociales, emocionales, laborales y de realización personal, ya que de un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud, una de cada seis personas padece de infertilidad en algún momento de su vida. Partimos de un punto en el que tanto mujeres como hombres tienen este sentimiento y deseo de maternidad o paternidad que puede llegar a ser incomprensible y que, sin embargo día a día siguen luchando con la cruda realidad.

            Muchos de ellos pasan años de sus vidas intentando concebir un hijo o hija, atravesando pérdidas como desilusiones y la consecuencia es un agotamiento y sufrimiento que cada vez se vuelve más doloroso e incrementa la angustia, frustración y depresión. Algunos de ellos viven todo este viaje en silencio, sin poder aceptar la situación y haciéndose la pregunta ¿por qué a mi? Otros, que corren con mejor suerte, tiene una red de apoyo que los impulsa a seguir intentando, pero como todo, las ganas y la ilusión se apagan.

            En la actualidad, en la sociedad y en el núcleo de la misma, la familia, pueden encontrarse una amplia diversidad de modelos. Tanto las familias monoparentales como homoparentales tienen este derecho de sentir esta maternidad o paternidad y verla realizada. Por lo que nada puede coartar esta ilusión y deseo; que, si bien años atrás era inimaginable, hoy en día, con apoyo de la medicina reproductiva puede albergar un rayo de esperanza y tranquilidad. 

            Cada día se incrementa en gran porcentaje el número de personas, parejas y familias que recurren a la medicina reproductiva para poder concebir un bebé y que, pese a todos los esfuerzos, tratamientos de fertilidad, procedimientos tanto médicos como psicológicos y hormonales, se quedan en intentos. Sin que pase por desapercibido que cada nuevo intento puede desembocar en una pérdida dolorosa, que incremente el sufrimiento físico, emocional y que termine con esas esperanzas y deseos.

            Como consecuencia de ello, en la actualidad han surgido diversas técnicas de reproducción asistida, una de ellas, es la gestación por sustitución o gestación subrogada. Ésta técnica ha venido a dar una luz al final del túnel para todos aquellos que han pasado años de sus vidas intentando ser padres o madres, y no me limito a enumerar las formas por las que han intentado serlo, desde procedimientos médicos hasta la adopción y que, por cuestiones biológicas, gubernamentales o por las largas listas de espera que pueden ser hasta de años no han logrado serlo. La gestación por sustitución ha venido a hacer una realidad posible.

La gestación por sustitución brinda la oportunidad a todas las personas de sentir a su familia completa, de poder darle todo ese amor y cariño a su futuro hijo o hija. Como consecuencia, la barrera biológica de imposibilidades para gestar queda derrumbada. 

Esta técnica de reproducción asistida es una de las formas más loable que he presenciado, ya que para que sea posible se necesita de una persona, una mujer gestante, que mental, física y emocionalmente se encuentre sana y que de forma desinteresada aporte su capacidad para gestar. Para que una vez que el bebé nazca, pueda ser integrado en el seno de las personas y familias

Me resulta admirable la labor que realizan todas estas personas, mujeres gestantes, que aportan su capacidad para gestar, porque gracias a mi profesión he presenciado el vínculo y los lazos que surgen de tan gran conexión que se forma entre las mujeres gestantes y los padres intencionales. Éstas conexiones cruzan fronteras, derriban barreras en el idioma, y son lazos que permancen toda la vida. Es un sentimiento que es indescriptible, según cuentan las familias que he tenido la fortuna de conocer.

Hay dos momentos que han marcado mi carrera profesional así como mi travesía en la gestación subrogada. Uno de ellos es, estando con una pareja de padres intencionales me explicaron que su viaje comenzó hace 5 años. Durante toda ésta travesía han visitado a un centenar de especialistas, atravesado por 3 transferencias de embriones sin éxito y poco a poco al relatarme su historia a uno de ellos se le quebó la voz y cayó en llanto, con lágrimas en los ojos me dijo que no podría soportar un intento más fallido. Que no quieren dejar de intentar ser padres pero las desilusiones terminarían por agotarlos. Hoy en día, están embarazados y toda ésta espera ha valido la pena.

Es responsabilidad de todos entender y transmitir que las personas que acuden a la gestación por sustitución únicamente buscan un fin común, darle respuesta a la afirmación “queremos ser padres, pero no podemos”. Porque puede que aún no lo sepas, pero en un futuro podrías estar en este grupo de personas que día a día se preguntan ¿por qué a mí? Y que gracias a la gestación por sustitución podrías cambiar esa pregunta por la afirmación ¡quiero ser madre o padre, y puedo serlo!

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